Durante más de un año, OpenAI fue sinónimo de inteligencia artificial. ChatGPT dominaba el mercado con una cuota cercana al 70%, marcando el ritmo, imponiendo estándares y obligando a toda la industria a reaccionar.
Hoy ese dominio se ha roto.
La cuota ha caído hasta aproximadamente el 45–46%, y aunque el número ya es alarmante, el verdadero problema no está en las estadísticas. Está en algo mucho más serio: OpenAI parece no tener claro qué tipo de empresa quiere ser.
La caída no es casual: es estructural
Durante meses, OpenAI intentó jugar en todos los frentes a la vez:
-
Producto de consumo masivo
-
Plataforma para desarrolladores
-
Empresa de suscripción
-
Proveedor enterprise
-
Laboratorio de investigación
-
Actor político y regulatorio
El resultado: una identidad difusa.
Mientras tanto, sus competidores hicieron lo contrario:
menos ruido, más foco.
El mercado cambió… y OpenAI no reaccionó a tiempo
La competencia dejó de perseguir a ChatGPT y empezó a diferenciarse:
-
Modelos más integrados en buscadores
-
IA nativa en sistemas operativos
-
Enfoque empresarial claro
-
Mejor control de costos
-
Menos promesas, más ejecución
ChatGPT pasó de ser la puerta de entrada a la IA a ser una opción más. Y en tecnología, cuando eso ocurre, el liderazgo se erosiona rápido.
El verdadero síntoma de “modo pánico”
La señal más preocupante no es la cuota perdida.
Es el comportamiento:
-
Cambios constantes de planes y precios
-
Lanzamientos apresurados
-
Mensajes contradictorios
-
Falta de una narrativa clara sobre el futuro
-
Decisiones reactivas, no estratégicas
Cuando una empresa líder empieza a responder al mercado en lugar de anticiparlo, algo se ha roto internamente.
¿Empresa de productos o infraestructura global?
Ese es el dilema que OpenAI aún no resuelve.
-
Si quiere ser empresa de productos, compite directamente con gigantes tecnológicos.
-
Si quiere ser infraestructura de IA, necesita estabilidad, previsibilidad y foco B2B.
-
Si quiere ser laboratorio, el mercado no espera retornos inmediatos.
Hoy intenta ser todo al mismo tiempo. Y eso, en un mercado tan agresivo como el de la IA, se paga caro.
Conclusión: no es una caída, es una advertencia
La reducción del 70% al 46% no es un accidente ni una simple corrección.
Es una alerta temprana de que el liderazgo en IA ya no se mantiene solo con haber llegado primero.
La próxima fase no premiará al más famoso, sino al más claro, al más enfocado y al que sepa exactamente qué problema resuelve y para quién.
Y hoy, esa es la pregunta que OpenAI todavía no ha respondido.