La nueva Steam Machine de Valve acaba de llegar al mercado y, para muchos jugadores, el lanzamiento empezó con el pie izquierdo.
El modelo base de 512 GB cuesta US$1,049 y no incluye el Steam Controller. Para tener el mando, el precio sube a US$1,128, mientras que la versión de 2 TB llega a US$1,349 o US$1,428 con control incluido.
La polémica viene porque Valve intenta vender la Steam Machine como una experiencia de consola para la sala, pero su precio está mucho más cerca de una PC gaming compacta que de una consola tradicional. Y ese detalle cambia por completo la percepción del producto.
El golpe más fuerte es que el control no venga incluido en el modelo base. Para un dispositivo pensado para jugar desde el sofá, tener que pagar más por el mando hace que muchos usuarios lo vean como una compra incompleta desde el primer día.
Valve también enfrenta otro problema: la disponibilidad. Los primeros lotes se están manejando con sistema de reserva y sorteo, lo que significa que ni siquiera todos los interesados podrán comprarla fácilmente en el lanzamiento.
Aun así, la Steam Machine no es un producto sin sentido. Tiene ventajas claras: funciona como una PC, permite aprovechar la biblioteca de Steam, no obliga a pagar suscripciones para jugar online y mantiene la filosofía abierta de SteamOS. Pero el precio la coloca en una zona complicada.
Para el usuario promedio, la pregunta es directa: ¿conviene pagar más de US$1,000 por una Steam Machine sin control, cuando por ese dinero puedes comprar una consola potente o armar una PC gaming?
Valve quería llevar Steam al televisor. El problema es que, con ese precio, la Steam Machine podría terminar siendo un producto para fanáticos muy específicos y no el golpe masivo que muchos esperaban.