China vuelve a mover el tablero tecnológico con un proyecto que llama la atención por una razón muy particular: su nueva supercomputadora exaescala no dependería de GPU, sino únicamente de procesadores chinos.
El sistema, conocido como Lingshen o LineShine según distintas fuentes, fue presentado por el Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen y apunta a superar los 2 exaflops de rendimiento sostenido, una cifra que lo pondría entre las máquinas más potentes del mundo si llega a comprobarse oficialmente.
Lo más llamativo es su diseño. Mientras muchas de las supercomputadoras más avanzadas utilizan aceleradores gráficos de AMD o NVIDIA, este proyecto apostaría por una arquitectura basada solo en CPU. Según los reportes, integraría alrededor de 47.000 procesadores domésticos distribuidos en 92 gabinetes de cómputo, además de una infraestructura de almacenamiento de gran escala.
La propuesta también tiene un fuerte componente geopolítico: China busca reducir su dependencia de tecnología extranjera en áreas críticas como inteligencia artificial, simulaciones científicas, defensa, clima, investigación industrial y computación de alto rendimiento.
Sin embargo, todavía hay dudas. Expertos señalan que el rendimiento anunciado deberá ser demostrado con pruebas oficiales, especialmente porque no se han publicado todos los detalles técnicos del sistema final. Hoy, el superordenador El Capitan, ubicado en Estados Unidos, figura como líder del ranking TOP500 con 1.809 exaflops verificados en el benchmark HPL.
Si China logra validar el rendimiento prometido, Lingshen no solo sería una de las supercomputadoras más potentes del planeta: también podría convertirse en el ejemplo más ambicioso de una supercomputadora exaescala construida sin depender de GPU.